Las máquinas dispensadoras se han convertido en un fenómeno popular, práctico y casi que indispensable en espacios públicos. Y de un tiempo para acá, estos aparatos, parte del paisaje cotidiano por donde deambulan cientos de personas, han pasado de ofrecer bebidas y comida a vender artículos electrónicos y hasta libros.

El negocio crece en países como China, Japón y Reino Unido. A España la idea llegó en 2007 de la mano de Vending Books, una empresa que se ha ido expandiendo a México y Brasil y que tiene intención de incursionar en el mercado chileno y en el colombiano.

El lema es simple: “Vending Books nace con el fin de facilitar el acceso a la lectura en aquellos lugares de mucha afluencia. Somos un servicio cultural y alimentamos, como dice nuestro slogan, la mente de las personas”, asegura el propietario y gerente de la compañía, Paco Valtierra.

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Vending Books tiene un catálogo de libros de bolsillo que cambia cada 20 días, ofrece servicio las 24 horas y permite adquirir desde clásicos hasta bestsellers. En una máquina del metro de Madrid usted puede encontrar títulos como Cumbres Borrascosas, de Emily Bronté, El Príncipe, de Maquiavelo, y el Gran Gatsby, de F. Scott Fitzgerald, entre otros. Y todo por un precio módico: de 2 a 8 euros ($ 5.000 a $ 20.000).

Según Paco Valtierra, el emprendedor de esta idea en España y ahora en Latinoamérica, las máquinas expendedoras de libros posibilitan la lectura en lugares donde los usuarios aprovechan sus tiempos libres para leer, como las estaciones de transporte y aeropuertos. “Hay que realizar estudios de las redes de transporte, índices de lectura, posibles ubicaciones y proveedores”, explica.

Según Valtierra, el 70 por ciento de sus clientes son mujeres entre 20 y 45 años. Y del total de compradores, un 30 por ciento son extranjeros que viven en España.

  • También para prestar

Cuando los transeúntes de la estación del metro del centro de Colonia, en Alemania, vieron una nueva máquina, pensaron que se trataba de una expendedora de tiquetes, pero ésta no dispensa boletos para el tren, sino libros de la Biblioteca Pública en calidad de préstamo.

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Este nuevo servicio, el Krimiautomat, dispone de 800 títulos de novelas policiacas, que pueden ser prestados por cualquier usuario de la Biblioteca de la ciudad.

“Nuestro concepto es salir a donde hay muchas personas, ir a donde viven y trabajan. Contamos con una biblioteca en el parque y un bus biblioteca. Por eso la idea de un Krimiautomat en la estación del metro encajaba perfecto. Además el género de novela de crímenes va con los dispensadores y con el lugar, porque es el preferido por muchos”, dice la directora de la Biblioteca Pública de Colonia, Hannelore Vogt.

Además de práctico, este servicio resulta atractivo para muchos que transitan a diario por este espacio. Tal es el caso de Eva Loechen, una nueva usuaria del Krimiautomat: “Es una buena idea porque paso todos los días por la máquina y creo que solo al verla me da curiosidad buscar libros. Nunca voy a la biblioteca porque me da pereza. Me tardaría mucho más en prestarlos. Además es interesante porque son novedades y bestsellers lo que ofrecen”.

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Este es el valor agregado que la directora de la Biblioteca ve en este proyecto, pues, según ella, el préstamo de libros funciona de la misma manera que haciéndolo directo en la Biblioteca, pero lo mejor de este sistema es que los usuarios pueden disponer de títulos con mucha demanda fuera de las horas de atención. “Tal vez conseguimos de esta forma uno que otro nuevo usuario”, comenta Vogt.

  • Una idea de 1822

La idea de los dispensadores no es reciente. En el año 1822, en Inglaterra, un activista político defensor de la prensa utilizó una máquina semejante para distribuir textos que podían poner en peligro a quien los vendiera.

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