Quienes conocieron a Julio Cortázar en persona, como Carlos Fuentes y Gabriel García Márquez, coinciden que aquel hombre larguirucho y de ojos separados como los de un pájaro o reptil no era de este planeta. Su sensibilidad, su “no sé qué” sobre el amor y la amistad lo convertían en la persona más valiosa, la más cariñosa y la más inocente. Su obra es el reflejo de su vida, de su ideología y de sus más profundos sueños.

Julio Cortázar fue un metahombre, un personaje que vivía, se alimentaba y se reconfiguraba con su propia literatura. Fue como un animoso Cronopio y una tierna Esperanza. Su respeto y solidaridad desbordada lo impulsaron a siempre ayudar a los seres más necesitados. Su última etapa de vida se la pasó de viaje por Latinoamérica, apoyando a todos los diferentes grupos que abogaban por la equidad y los derechos humanos.

Cortázar viajó numerosas veces a Nicaragua y conoció de cerca el proceso y la realidad nicaragüense y latinoamericana. Antes, en su evolución como narrador descubrió “al otro”, a los demás. Comprendió que no sólo quería hablar del problema del individuo frente al mundo, sino del problema de todos frente a los demás. Ese fue su gran aporte a la vida por encima de la literatura.

De esos viajes se nutrieron sus pensamientos y su obra, dejando profundas reflexiones sobre el compromiso, la vida y el amor. Estas son algunas reflexiones que se extraen de sus letras.

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“La soledad y el silencio pueden ser el mejor aliciente creativo”

Desde la infancia Julio tuvo pocos amigos por su personalidad retraída y por el hecho de nunca sentirse completamente argentino. Sus mejores aliados siempre fueron los libros y, posteriormente, los discos de jazz. En una entrevista con Joaquín Soler dijo que era triste aceptar que en los momentos más cálidos de compañía, cuando estaba rodeado de gente bella e inteligente una voz de su inconsciente le decía “Julio, ¿por qué no estás escuchando un disco tranquilo en tu casa?

“Un discurso poético es mucho más poderos y conmovedor que uno político”

Julio estuvo comprometido con las tragedias que golpeaban a Latinoamérica. Él asistía seguido a mítines y reuniones políticas. Un día se paró frente a uno de esos podios y en lugar de decir un largo discurso, se limitó a leer uno de sus cuentos. En palabras de Gabriel García Márquez, esto fue lo que pasó:  “Cortázar había logrado una comunicación entrañable con su auditorio que ya no le importaba a nadie lo que quería decir o no decir las palabras, sino que la muchedumbre parecía levitar por el hechizo de una voz que no parecía de este mundo”.

 “Si te caes te levanto, si no, me acuesto contigo”

Cortázar amó sin límites, con un enorme corazón que correspondía a su gran altura. Su último amor fue Carol Dunlop, quien murió prematuramente víctima del SIDA. Los últimos años de Carol fueron trágicos y Julio sabía que se acercaba el final. Cuando ella cayó, se fue de este mundo, el gran Cronopio cumplió su promesa y se acostó con ella unos meses más tarde, aceptando que lo más grande en el mundo es el amor y debe seguir después de la muerte.

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“Quienes viven queriendo alcanzar el cielo se pierden de las alegrías de la vida”

En la casilla más alta de la rayuela se encuentra el cielo. El juego consiste en empujar una piedrita poco a poco para ir avanzando hacia arriba y alcanzar el premio máximo. Para Horacio, la Maga fue el personaje que mejor jugaba, tenía una facilidad para subir que daba miedo. En cambio, Oliveira era un torpe y siempre perdía. Al final la Maga pagó su ligereza, su levedad que la elevó hasta el cielo. Mató a su hijo y se hundió en un río lleno de confusiones, culpas y remordimientos. La inutilidad que padecía Oliveira lo mantuvo en el suelo, no alcanzó la gloria, pero sí disfrutó de manera coherente su vida en la casilla más baja. Fue feliz sin aspirar a tanto.

“El centro está en la familia”

Dentro de la novela de Rayuela, Oliveiro reflexiona: “Quien domina el centro, domina todo el tablero”. El mundo es el tablero y nosotros las fichas que se mueven dentro de él. En un principio Horacio quería jugar solo por todas las calles de París, pero no lograba librar todos los obstáculos. Hasta que regresó a Argentina y se encontró con sus mejores amigos, Traveler y Talita, fue cuando comenzó a darle forma a su vida. Hasta el final entiende que la rayuela se gana con la ayuda de la familia, quienes unidos dominan el centro. El punto medio entre el cielo y la tierra, el inequívoco entre el lado de allá y el lado de acá.

“Diré las palabras que se dicen y comeré las cosas que se comen y soñaré las cosas que se sueñan y sé muy bien que no estarás”

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“La distancia no impide la intimidad”

Cortázar tenía la costumbre de llevar relaciones epistolares con sus más entrañables amigos. Sin tapujos y de una manera elegante, Julio lograba saciar la necesidad de amor de los demás por medio de palabras como lo hizo con Alejandra Pizarnik. Ella sufría de intensos periodos de depresión y lo único que la animaba era recibir una carta del autor de “Rayuela”. Alejandra vivió muchos años la cruel existencia por él, aunque lo inevitable siempre será así.

“El amor surge del mágico acto del azar”

Julio fue un seducido por las imposibilidades que se convierten en algo posible con un sólo suspiro. Su obra está llena de coincidencias. No es fortuito que desde su nombre cargue con el azar: Cort(ázar). Por eso las mayoría de historias de amor parten del sino, de la eventualidad y de la contingencia. Si no, ¿de qué otra forma se encuentran dos falos estudiantes, amantes de la literatura y la astrología en las calles de París, así como sucedió en “Rayuela”?

“La vida se gana por knock-out”

Julio fue un gran aficionado del box. De este deporte adaptó muchas cualidades a su estilo narrativo. “La novela gana siempre por puntos, mientras que el cuento debe ganar por knock-out”, dice. En esta hermosa alegoría demuestra que el cuento, al contar con una extensión limitada y breve, debe de valerse de todos los artificios para trascender. La novela se puede extender tanto como sea posible, incluso al mismo infinito. Nuestra vida es tan efímera como un relato corto y por lo tanto debemos de fulminarla de un sólo golpe, el más certero y devastador para llegar a la victoria. Es por eso que la vida se gana por knock-out.

“No existen leyes para escribir un cuento, a lo sumo puntos de vista”

“Nadie puede pretender que los cuentos sólo deban escribirse luego de conocer sus leyes… no hay tales leyes; a lo sumo cabe hablar de puntos de vista, de ciertas constantes que dan una estructura a ese género tan poco encasillable”

Julio condensó todos sus pensamientos en una sola idea. Hay que ser personas comprometidas con el mundo y con las artes. Esa es su mejor enseñanza. No importa cuán difíciles y peligrosas sean las adversidades, hay que enfrentarlas con la frente en alto, con la sensibilidad de un poeta y con la fuerza de un guerrillero.

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